viernes, 7 de noviembre de 2008

Los alcances del acuerdo

Enrique Núñez - Contracara

 

La pregunta que todos se hacen después de la aprobación de la cuenta dogerista es:

¿A cambio de qué le perdonaron la vida?

Evidentemente, “El Varguitas” debe haber prometido hasta lo que no tiene a cambio de su exoneración.

En la mesa de negociaciones Doger ofreció no mover un sólo dedo para buscar la candidatura al gobierno del estado, también prometió apoyar a quien en su momento se convierta en el candidato tricolor.

Así son las negociaciones políticas y no es extraño que ofrezcan hasta las posaderas a cambio de un perdón como el que ayer se concretó.

En ese sentido, el marinismo siente que cumplió, dándole a su expresidente municipal su acta de garantía de libertad.

Si algo tienen los priistas es que cumplen sus propios pactos políticos, aunque éstos impliquen dejar en el olvido las peores raterías.

Es el gran plus de contar con la mayoría en el Congreso.

Ahora bien, un lado ya cumplió.

¿Cumplirá Doger?

Por supuesto que no.

Esta vez los priistas cometieron un error garrafal, le limpiaron la cara a alguien que no piensa como priista.

En el pecado llevarán la penitencia.

Y aunque al “Varguitas” ya no le alcance para ser el candidato, sí le dieron carta abierta para enredar su propio proceso interno.

No hay que olvidar que Doger es el maestro de la intriga.

Para eso se las gasta solo.

 

¿La resurrección dogerista?

A partir de esta semana empezaron algunos ilusos a soñar con la resurrección dogerista.

Piensan que este “perdón” le alcanzará a Doger para levantar su proyecto.

Y sin darse cuenta, vuelven a compararse con Marín al que tanto dicen odiar.

Ahora cuentan que Mario Marín vivió un escenario similar cuando Melquiades Morales le retardó la aprobación de sus cuentas y que, una vez exonerado, Marín se levantó para ser candidato.

Evidentemente no conocen la historia.

El caso de Marín es diametralmente opuesto.

Olvidan que Marín en la clandestinidad mantuvo siempre compacto a su grupo.

Todo el marinismo se encargó de operar a lo largo y ancho del interior del estado, para tejer una compleja red, la cual creció a espaldas de la estructura melquiadista.

Justo cuando se aprobó la cuenta de Marín, apareció en escena toda esa red, sin que nada ni nadie pudiera detenerlos.

Comparar ese caso con el del “Varguitas” me parece que es innecesario.

Basta con seguir de cerca a Doger durante unas semanas para corroborar que el dogerismo es una especie en extinción.

Pese a todo, no falta el iluso que aún cree en la resurrección de Enrique Doger.

Por favor, no me hagan reír.

 

 

Foto Rodolfo Pérez

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